En
el contexto de la sociedad colombiana y más específicamente del sistema de
educación, es muy común la organización de currículos atomizados y tabicados
que, de acuerdo con Morin (2009) contribuyen a la
construcción de lo que él ha denominado ‘‘el mal pensar’’, dado que se convierte
el saber y el conocimiento en algo puramente objetivo, desconociendo otros
tipos de saberes que, al igual que el conocimiento científico, son producto de
las relaciones sociales y culturales, en tanto que son producidos por el hombre,
y desconociendo también los contextos socio-histórico-político-culturales en
los que se encuentran los estudiantes, haciendo que éstos reproduzcan el
paradigma según el cual sólo el conocimiento científico es válido y digno de
aprender y enseñar, lo que a su vez, hace de las nuevas generaciones sujetos miopes para con las realidades humanas,
productos de un sistema-mundo capitalista que los incita a la competencia
y la individualidad, y los hace cada vez
más incapaces de crear y crear-se.
En
este orden de ideas, los proyectos transversales son, por decirlo de algún
modo, un intento por articular e integrar los saberes escolares y
extraescolares como igualmente legítimos, buscando trascender las barreras de
las disciplinas y de la escuela, reconocer los sujetos, sus contextos,
necesidades e intereses, y contribuir así a la construcción de lo que Morin llama
el ‘‘bien pensar’’ o ‘‘el pensamiento complejo’’, una visión del mundo y de la
realidad que religue los conocimientos y reconozca las solidaridades entre los
diversos elementos que componen un todo, contribuyendo así a la concepción de
conjunto y evitando que la tradicional atomización del saber siga permeando las
prácticas educativas, dando cabida entonces a la poíesis en tanto creación
continua y colectiva que posibilita a los sujetos la emancipación de ese
sistema educativo tradicional y represivo, que les impide crear y crear-se en
el compartir, y experimentar con los otros, entendiendo por otros, todo aquello
que es diferente de sí mismo, bien sea otro sujeto, otro tipo de saber, otro
animal, otro… otra forma de ver, sentir y pensar el mundo.
En
Colombia el Ministerio de Educación Nacional, plantea el trabajo de tres
proyectos transversales: Medio ambiente, Educación sexual y ciudadanía, y Derechos
humanos y democracia; de los cuales he decido trabajar en este escrito, el
proyecto transversal de medio ambiente, para profundizar y explorar cómo éste,
sin desconocer los demás, puede convertirse en una forma de poíesis.
El
proyecto transversal de medio ambiente es, según el MEN un ‘‘instrumento de articulación y coordinación
permanentes, entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Ambiente,
Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia, para la realización de acciones
conjuntas en el campo de la educación ambiental’’, pero… ¿qué es educación
ambiental?, o mejor aún ¿Qué es medio ambiente?; generalmente se entiende el
medio ambiente como la naturaleza, los árboles, los animales, el agua, los
páramos… y otro poco de elementos naturales que se encargan de formar el
paisaje natural, pero esta concepción tiene un problema y es que no concibe al
hombre como un ser natural, como otro animal, sino como un ser superior que por
tanto puede apropiarse de esa naturaleza que le es externa para lucrarse a
costa de ella, y es en este sentido en el que la educación ambiental se
constituye como una manera de enseñarle al hombre cómo cuidar la naturaleza,
cómo actuar frente a las catástrofes y los desastres naturales, y cómo
comprender el entorno que lo rodea para asimismo actuar sobre él de la manera
más eficiente posible, lo cual continua reproduciendo la idea de que el hombre
es un ser externo y superior a esa naturaleza, además de negarle la capacidad de
poíesis en tanto que le impide crear nuevas formas de relacionarse con ella, y
le impone la lógica consumista propia de la modernidad y ‘‘posmodernidad’’
líquida, según la cual, como ya lo mencioné anteriormente, el hombre como ser
racional es un ser superior y está en todo el derecho de apropiarse de la
naturaleza para lucrarse con ella.
No
obstante Guattari (1996) nos ofrece una
visión diferente acerca de lo que es el medio ambiente, o mejor dicho la
ecología, para lo cual en primer lugar hace la aclaración de que la raíz
‘‘eco’’, debe ser entendida dentro de su discurso como el oikos de los griegos antiguos, lo cual traduce hogar, sin embargo
es pertinente precisar que el hogar no hace referencia al espacio físico, es
decir no es la casa como tal, sino el conjunto de relaciones humanas afectivas,
que permiten que nos sintamos miembros de ese hogar; una visión que, al
concebir el medio ambiente como un hogar, nos invita entonces a sentipensarlo
como un todo del cual somos sólo una parte, más no una parte insignificante,
sino por el contrario bastante influyente, de ahí que resulte tan importante
hablar de lo que Guattari llama ecosofía, un término con el cual él hace
referencia a ‘‘una articulación ético-política entre los tres registros
ecológicos, el de medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la
subjetividad humana’’ (p.8), queriendo plasmar entonces que lo que se ha venido
gestando durante las últimas décadas ha sido una gran crisis ecosófica, en
tanto no sólo ha aumentado el calentamiento global, y han desaparecido diferentes
especies, sino también palabras, frases y gestos de la solidaridad humana, ha
desaparecido entonces, gracias al sistema capitalista y consumista en el que
nos encontramos insertos, la capacidad de poíesis y autopoíesis, puesto que nos
hemos limitado a reproducir dispositivos de fabricación ‘‘mass-mediática’’, en
lugar de trabajar y construir las subjetividades, como principal fuente de
transformación social, política y por tanto ecosófica.
En
este sentido, si comenzamos a pensarnos el medio ambiente como lo ecosófico, e
imprimimos esta mirada en los proyectos transversales de educación ambiental,
podemos decir que éstos se convierten en espacios de poíesis, pues permiten la
creación colectiva y continua de nuevas relaciones con el otro, y consigo
mismo, nuevas relaciones y nuevas subjetividades que logren escaparse a la
lógica consumista para comenzar a concebir el mundo y el planeta como algo
sistémico, que urge de armonía, una armonía que, sólo puede lograrse mediante
el reconocimiento de la naturaleza y del hombre como un ser natural inmerso en
ésta, responsable y dependiente de ella, como una relación reciproca de
sensibilidad, inteligencia y deseo, que nos venga dada no como una imposición,
o como una necesidad que atiende a las practicas mediaticas de ‘‘mejorar el
medio ambiente’’, sino como una necesidad naciente en nosotros, por lograr esa
armonía del ser, y del ser-en grupo, del ser con la naturaleza y no sobre, o
contra ella; una relación ético-estética que no se conciba como algo estático
ya estipulado y que deba reproducirse, sino como una construcción flexible que
esté en continua transformación y creación.
Bibliografía
Colombia aprende la red del conocimiento. (s.f.). Recuperado el 4 de junio de 2014, de
MinEducación: http://64.76.190.172/prae/contenidos/index.php
Guattari, F. (1996). Las tres ecologías. España:
Alejandría.
Morin, E. (2009). El método 6: la ética (Segunda
edición ed.). Madrid: Ediciones cátedra.