martes, 10 de junio de 2014

Proyecto transversal de educación ambiental: ¿una forma de poíesis?

En el contexto de la sociedad colombiana y más específicamente del sistema de educación, es muy común la organización de currículos atomizados y tabicados que, de acuerdo con Morin (2009) contribuyen a la construcción de lo que él ha denominado ‘‘el mal pensar’’, dado que se convierte el saber y el conocimiento en algo puramente objetivo, desconociendo otros tipos de saberes que, al igual que el conocimiento científico, son producto de las relaciones sociales y culturales, en tanto que son producidos por el hombre, y desconociendo también los contextos socio-histórico-político-culturales en los que se encuentran los estudiantes, haciendo que éstos reproduzcan el paradigma según el cual sólo el conocimiento científico es válido y digno de aprender y enseñar, lo que a su vez, hace de las nuevas generaciones sujetos  miopes para con las realidades humanas, productos de un sistema-mundo capitalista que los incita a la competencia y  la individualidad, y los hace cada vez más incapaces de crear y crear-se.

En este orden de ideas, los proyectos transversales son, por decirlo de algún modo, un intento por articular e integrar los saberes escolares y extraescolares como igualmente legítimos, buscando trascender las barreras de las disciplinas y de la escuela, reconocer los sujetos, sus contextos, necesidades e intereses, y contribuir así a la construcción de lo que Morin llama el ‘‘bien pensar’’ o ‘‘el pensamiento complejo’’, una visión del mundo y de la realidad que religue los conocimientos y reconozca las solidaridades entre los diversos elementos que componen un todo, contribuyendo así a la concepción de conjunto y evitando que la tradicional atomización del saber siga permeando las prácticas educativas, dando cabida entonces a la poíesis en tanto creación continua y colectiva que posibilita a los sujetos la emancipación de ese sistema educativo tradicional y represivo, que les impide crear y crear-se en el compartir, y experimentar con los otros, entendiendo por otros, todo aquello que es diferente de sí mismo, bien sea otro sujeto, otro tipo de saber, otro animal, otro… otra forma de ver, sentir y pensar el mundo.

En Colombia el Ministerio de Educación Nacional, plantea el trabajo de tres proyectos transversales: Medio ambiente, Educación sexual y ciudadanía, y Derechos humanos y democracia; de los cuales he decido trabajar en este escrito, el proyecto transversal de medio ambiente, para profundizar y explorar cómo éste, sin desconocer los demás, puede convertirse en una forma de poíesis.

El proyecto transversal de medio ambiente es, según el MEN un  ‘‘instrumento de articulación y coordinación permanentes, entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia, para la realización de acciones conjuntas en el campo de la educación ambiental’’, pero… ¿qué es educación ambiental?, o mejor aún ¿Qué es medio ambiente?; generalmente se entiende el medio ambiente como la naturaleza, los árboles, los animales, el agua, los páramos… y otro poco de elementos naturales que se encargan de formar el paisaje natural, pero esta concepción tiene un problema y es que no concibe al hombre como un ser natural, como otro animal, sino como un ser superior que por tanto puede apropiarse de esa naturaleza que le es externa para lucrarse a costa de ella, y es en este sentido en el que la educación ambiental se constituye como una manera de enseñarle al hombre cómo cuidar la naturaleza, cómo actuar frente a las catástrofes y los desastres naturales, y cómo comprender el entorno que lo rodea para asimismo actuar sobre él de la manera más eficiente posible, lo cual continua reproduciendo la idea de que el hombre es un ser externo y superior a esa  naturaleza, además de negarle la capacidad de poíesis en tanto que le impide crear nuevas formas de relacionarse con ella, y le impone la lógica consumista propia de la modernidad y ‘‘posmodernidad’’ líquida, según la cual, como ya lo mencioné anteriormente, el hombre como ser racional es un ser superior y está en todo el derecho de apropiarse de la naturaleza para lucrarse con ella.

No obstante Guattari  (1996) nos ofrece una visión diferente acerca de lo que es el medio ambiente, o mejor dicho la ecología, para lo cual en primer lugar hace la aclaración de que la raíz ‘‘eco’’, debe ser entendida dentro de su discurso como el oikos de los griegos antiguos, lo cual traduce hogar, sin embargo es pertinente precisar que el hogar no hace referencia al espacio físico, es decir no es la casa como tal, sino el conjunto de relaciones humanas afectivas, que permiten que nos sintamos miembros de ese hogar; una visión que, al concebir el medio ambiente como un hogar, nos invita entonces a sentipensarlo como un todo del cual somos sólo una parte, más no una parte insignificante, sino por el contrario bastante influyente, de ahí que resulte tan importante hablar de lo que Guattari llama ecosofía, un término con el cual él hace referencia a ‘‘una articulación ético-política entre los tres registros ecológicos, el de medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana’’ (p.8), queriendo plasmar entonces que lo que se ha venido gestando durante las últimas décadas ha sido una gran crisis ecosófica, en tanto no sólo ha aumentado el calentamiento global, y han desaparecido diferentes especies, sino también palabras, frases y gestos de la solidaridad humana, ha desaparecido entonces, gracias al sistema capitalista y consumista en el que nos encontramos insertos, la capacidad de poíesis y autopoíesis, puesto que nos hemos limitado a reproducir dispositivos de fabricación ‘‘mass-mediática’’, en lugar de trabajar y construir las subjetividades, como principal fuente de transformación social, política y por tanto ecosófica.

En este sentido, si comenzamos a pensarnos el medio ambiente como lo ecosófico, e imprimimos esta mirada en los proyectos transversales de educación ambiental, podemos decir que éstos se convierten en espacios de poíesis, pues permiten la creación colectiva y continua de nuevas relaciones con el otro, y consigo mismo, nuevas relaciones y nuevas subjetividades que logren escaparse a la lógica consumista para comenzar a concebir el mundo y el planeta como algo sistémico, que urge de armonía, una armonía que, sólo puede lograrse mediante el reconocimiento de la naturaleza y del hombre como un ser natural inmerso en ésta, responsable y dependiente de ella, como una relación reciproca de sensibilidad, inteligencia y deseo, que nos venga dada no como una imposición, o como una necesidad que atiende a las practicas mediaticas de ‘‘mejorar el medio ambiente’’, sino como una necesidad naciente en nosotros, por lograr esa armonía del ser, y del ser-en grupo, del ser con la naturaleza y no sobre, o contra ella; una relación ético-estética que no se conciba como algo estático ya estipulado y que deba reproducirse, sino como una construcción flexible que esté en continua transformación y creación.


Bibliografía


Colombia aprende la red del conocimiento. (s.f.). Recuperado el 4 de junio de 2014, de MinEducación: http://64.76.190.172/prae/contenidos/index.php

Guattari, F. (1996). Las tres ecologías. España: Alejandría.

Morin, E. (2009). El método 6: la ética (Segunda edición ed.). Madrid: Ediciones cátedra.